Huelgas en China!

Cuenta la leyenda que los ciudadanos de Königsberg (actual Kaliningrado) podían ajustar la hora de su reloj al ver al metódico filósofo Inmanuel Kant cuando éste efectuaba su paseo vespertino por las calles de la antigua capital de Prusia. Por ello, los vecinos de Kant estaban perplejos ante el retraso del día 16 de julio de 1789. Lo que no sabían es que el filósofo acababa de recibir la noticia de la Toma de Bastilla (14 de julio) en París y que, de forma excepcional, sus hábitos se habían visto perturbados por “una noticia que iba a cambiar el mundo”: La Revolución Francesa.

La verdad es que no sé cómo habría reaccionado Kant ante las recientes noticias de las incipientes huelgas que se están convocando en China (imprescindible lectura la del texto de Eugenio Bregolat, ex embajador español en aquel país). Tampoco sé si es comparable a la Revolución Francesa, pero sí creo que será el comienzo de un nuevo ajuste geopolítico.

Durante las IV Jornada Anual de Antiguos Alumnos de ESADE en Madrid, tuve ocasión de asistir a un diálogo entre Marcel Planellas y Javier Solana, en el que el ex-ministro de asuntos exteriores oficioso de la UE, exponía su visión de los países emergentes agrupados bajo el acrónimo BRIC (Brasil, Rusia, India, China) y el progresivo desplazamiento del centro de gravedad político de Occidente hacia Asia. Así, junto con los espectaculares datos de esas economías, contraponía los principales riesgos asociados que amenazaban el siempre inestable equilibrio de poder en el mundo.

En este sentido, mencionó el latente conflicto entre Pakistán y la India, la transición incompleta de Rusia, lo bien que había funcionado el presidente Lula en Brasil y, la incógnita de China, dónde convive la dictadura política comunista y la economía capitalista.

El crecimiento económico que ha experimentado el país asiático en los últimos tiempos queda fuera de toda discusión (más allá de las dudas sobre la precisión de los datos oficiales), y se ha basado en competir a partir del liderazgo en costes, por sus bajos costes productivos. De hecho, son muchas las voces autorizadas que tratan de vislumbrar el papel que va a jugar China en términos de poder e influencia en un nuevo escenario mundial (p.ej: ¿su moneda se convertirá en una referencia?).

Pero, ¿y si se tambalea por los desequilibrios internos derivados de la incoherencia entre libertad económica y la inexistente libertad política?. Éstos, que son evidentes para los occidentales (sólo hace falta ver nuestra historia), parece que no lo son tanto para los hijos de Confucio y Mao. ¿O tal vez la situación sí les parece insostenible?

Las huelgas que recientemente se han convocado (y las subidas salariales y mejoras en las condiciones de trabajo inicialmente concedidas), pueden ser el germen de un cambio político global en China. Eso sí, por la magnitud del asunto, más nos vale que se haga de forma pacífica.

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