El Directivo Humanista

El lunes pasado (12 de julio) fui ponente en el curso El Directivo Humanista que organizó mi amigo y miembro de Top Ten Business Experts Gabriel Ginebra en el CEU de Barcelona. Esta oportunidad de colaborar con Gabriel ha sido una ocasión estupenda para profundizar (y aprender y cuestionar mis anteriores planteamientos) en la línea de pensamiento en la que viene trabajando y que ha fructificado en su libro Gestión de Incompetentes que se publicará a la vuelta de vacaciones.

La verdad es que en el tema de valores y función directiva se ha escrito de todo y demasiado y, como sucede en esta clase de temas, existen corrientes de pensamiento que, instaladas en el subconsciente colectivo en un momento determinado, dan lugar a paradigmas de comportamiento comúnmente aceptados, que se constituyen en los principios de lo políticamente correcto.  En este marco, el discurso del Directivo Humanista es un aldabonazo radicalmente incorrecto. ¿Es novedoso?. Depende. Lo es en el sentido de que rompe los actuales modelos, pero no lo es porque la ruptura procede de la recuperación de unos valores que habían queda en desuso “por desfasados” en los tiempos que corren.

En post anteriores he expuesto reflexiones sobre distintos aspectos de la crisis. En síntesis, estamos dónde estamos  por un conjunto de decisiones de miles de actores: gobernantes, empresarios, particulares… y detrás de cualquier toma de decisión están unos valores que alientan su adopción. Pensemos en los iconos empresariales y políticos de moda en la época “gloriosa” y los valores que transmitían, y encontraremos la respuesta al cómo hemos llegado hasta aquí.

La figura del directivo es poliédrica y son muchas las dimensiones y las formas de aproximarse a su función. En mi opinión, el curso (breve pero intenso) se centró en dos grandes aportaciones:

  1. Un discurso sólido que,
  • insistía en la importancia de la auctoritas (autoridad reconocida por el colaborador) frente a la potestas (autoridad impuesta al colaborador),
  • potenciaba la figura del jefe como maestro, enlazando con el liderazgo situacional de Hersey-Blanchard, y la importancia del ejemplo,
  • recalcaba la importancia del dominio del negocio (conocimientos, capacidades y habilidades propias de la actividad) frente a la sobrevaloración de cuestiones de “management”: tienes que saber de lo tuyo,
  • revisaba el concepto de formación, apostando por una definición en el sentido más amplio de la palabra y la rentabilidad del asunto (hicimos una dinámica realmente  clarificadora al respecto),
  • proponía la reclasificación de la importancia de las responsabilidades de los directivos, dando un lugar a un nuevo paradigma de comportamiento,

2.   La introducción a una serie de herramientas (diagnóstico Fouggi, cuestionarios, planificación, dinámicas) que facilitan la incorporación de los conceptos anteriores a la práctica del día a día, de una forma progresiva, sostenible a medio plazo e, incluso, rentable a corto.

La verdad es que me lo pasé en grande, tanto en la fase de preparación como en la puesta en escena y es que, si bien un buen curso requiere una buena preparación por parte de los ponentes, lo que le convierte en realmente exitoso es el nivel y las aportaciones de los asistentes.  Y nosotros fuimos unos privilegiados en este aspecto. Gracias a todos.

Para concluir, permitidme una última reflexión: Del mismo modo que un montón de  decisiones nos sumergieron en la complicada situación actual, sólo un montón de decisiones a diferentes niveles (y cada una en el suyo) nos sacará de la misma, y yo estoy convencido que los valores que motivarán esas decisiones son los que conforman el desempeño del Directivo Humanista.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Directivos y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a El Directivo Humanista

  1. Oscar Aragón dijo:

    Muy interesante. Yo creo firmemente en que sólo los empresarios nos pueden sacar de esta situación. A la sobredimensionada calse política sólo le pido que cierre el grifo del gasto y que no estorbe…. bueno, eso y otro matiz importante a nivel de mercado… España una y no cincuenta y una. Saludos.

  2. improvablog dijo:

    Buena parte del problema es que la empresa ya no tiene alma. Detrás de la compañía no hay una propiedad que encarne unos valores, hay una accionistas que tan sólo buscan rentabilidad inmediata. Ante esta situación la Dirección General tendrá grandes dificultades para defender un comportamiento humanista frente a un consejo, tomando decisiones que supongan el sacrificio del corto frente a la solidez y el beneficio a medio-largo plazo. Los que defendemos este humanismo somos unos cruzados idealistas. En ocasiones me cuestiono si no deberíamos reflexionar sobre cual debería ser el próximo plazo a dar por nuestros directivos en su camino hacia el ideal humanista, en vez de enseñarles una meta que por utópica, dado el punto de partida, resulta difícimente asumible por la mayoría.

    Excelente reflexión 🙂

  3. Agradezco inmensamente -Antonio- tus comentarios del post. La felicitación también de mi parte por el entusiasmo con que acoges mis liadas.
    Y para retomar el debate en el punto que lo deja Fernando, me viene a la cabeza una reflexión del profesor Carlos Llano (dean del IPADE de México, dónde pronto estaré) sobre el particular: más vale pretender la excelencia y equivocarse, que aspirar a la mediocridad y acertar con ella.

    • improvablog dijo:

      Hola Gabriel,

      en tu comentario no queda claro si compartes el punto de vista de Llano o tan sólo haces de portavoz. Entenderé lo primero y te diré que malinterpretas mi comentario y te pondré un contraejemplo. Imagínate que a un chaval de 17 años, para aprender a saltar salto de altura y, como debe aspirar a la excelencia, le pones a entrenar a saltar 2,45 metros y le explicas como vatió Sotomayor y cómo era el entrenamiento de Sotomayor, es más, le pones a hacer el mismo entrenamiento. Lo más seguro es que al chavalín lo revientes y al cabo de unos meses abandone frustrado. De eso es de lo que hablo, que debería practicar el directivo, cuál debería ser su próximo paso en la búsqueda de la excelencia. Necesitamos personas que muestren caminos, no sólo metas.

      Un saludo:

      Fernando

      • arfurones dijo:

        Fernando, Gabriel: Interesante debate. Quizás la meta sea el propio camino, la propia forma de hacer las cosas. Y sí, los objetivos deben ser ambiciosos, pero no inalcanzables.
        “El esfuerzo inútil conduce a la melancolía” – Ortega y Gasset.

  4. Gabriel Ginebra dijo:

    Reviso este debate y veo que hay más cola. A pesar de compartir la idea de Llano, hay una mejor solución efectivamente: aspirar a la mejora posible y alcanzarla. Esta es mi filosofía en Gestión de Incompetentes, que queda reflejada claramente en una de sus divisas más socorridas: lo mejor es enemigo de lo bueno. Por cierto, el libro, finalmente está ya en las librerías. Endavant.

  5. Pingback: Hacia el directivo humanista | improsofia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s