La Física de la Organización

Si tuviéramos que hacer una lista de los científicos más decisivos en la historia de la Humanidad, probablemente sir Isaac Newton (1643-1727) ocuparía un lugar de privilegio. En una época en la que el conocimiento no había alcanzado el nivel de especialización actual y los investigadores trabajaban diferentes disciplinas, Newton escribió sobre filosofía, economía o teología, pero dónde realmente sus avances resultaron decisivos fue en matemáticas, física y astronomía. 

De hecho, sus Leyes de la Dinámica constituyen la base de la Mecánica Clásica y fueron las que superaron definitivamente, 21 siglos después, las enunciadas por el intuitivo Aristóteles en su Física. Sin embargo, parece ser que Newton no fue precisamente un ejemplo de ética y ya en su época surgieron polémicas sobre la apropiación de investigaciones ajenas para sus descubrimientos. Es célebre su frase: “si he llegado a ver más lejos, fue encaramándome a hombros de gigantes”. Lo malo es que al parecer se olvidaba de citarlos en las obras que asombraron al mundo.

Robert Hooke (1635-1703), otro científico inglés, tuvo la mala suerte de ser coetáneo de Newton (con quien  sostuvo agrias polémicas por cuestiones de “apropiación indebida”) por lo que pasó a la Historia a la sombra del primero. No obstante, su Ley de Elasticidad o Ley de Hooke, es el principio sobre el que se fundamenta las asignaturas de Resistencia de Materiales, tan temidas (y/o queridas) en las Escuelas de Ingeniería.

De forma simplificada, la ley indica que los materiales que tienen un comportamiento elástico se deforman de forma proporcional al esfuerzo que se aplica y, lo que es más importante, si este esfuerzo es inferior al límite elástico, entonces la deformación es recuperable cuando cesa el esfuerzo que la originó. En palabras de Hooke: “como la extensión, así la fuerza“.

Junto a este límite elástico, la experimentación nos dice que los materiales tendrían un límite plástico, de forma que si el esfuerzo era superior al límite elástico pero inferior al plástico, el material no colapsaría, aunque sería incapaz de recuperar la deformación una vez que cesara el esfuerzo primigenio. Finalmente, si el material se viera sometido a un esfuerzo superior al límite plástico, entonces se rompería y no podría cumplir la función resistente a la que estaba destinado.

En cierta ocasión, en una sobremesa con mis cómplices Gabriel y Fernando, mientras analizábamos el caso de una empresa que estábamos asesorando, caímos en la cuenta de que el modelo de Hooke también podría ser aplicable a la reacción de una persona sometida a presión o en circunstancias de adversidad. Es decir, si la presión a la que se le sometía era inferior a su límite elástico, una vez cesado el esfuerzo, la persona recuperaba su situación inicial.

Sin embargo, si la presión superaba el límite elástico y quedaba por debajo del límite plástico, cuando cesara el esfuerzo, ya no recuperaría la situación inicial. Es decir, quedaría una “deformación permanente” o lo que es lo mismo, el comienzo del síndrome del quemado, que es muy difícil de curar: la desaparición del compromiso del trabajador.

Por último, si la presión fuera superior al límite plástico, la persona “se rompería” (equivalente al colapso del material) y ya sería inútil para la organización.

Dicen que la primera baja en las guerras son los principios, y lo cierto es que la compleja situación económica que estamos viviendo está sacando lo peor de ciertos dirigentes. Ellos han olvidado que todos tenemos nuestro límite elástico y nuestro límite plástico (más o menos alto según nuestras capacidades) y, más allá de las cuestiones éticas fundamentales, este olvido no resulta rentable para la empresa. En definitiva, volvemos a la necesidad del Directivo Humanista.

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6 respuestas a La Física de la Organización

  1. viky dijo:

    También influye durante cuanto tiempo se este aplicando el esfuerzo, ¿no?

  2. improvablog dijo:

    Genial!!! Necesitaré unos días para un comentario a la medida 🙂

  3. Raul dijo:

    Hay un fenómeno “precioso” que coadyuva a incrementar la incertidumbre sobre los límites de los materiales (humanos, en este caso, ¿por que no?). Se trata del endurecimiento por deformación o endurecimiento por plastificación. Cuando en un material, se supera el límite elástico, sin haberse alcanzado el límite plástico, se produce un endurecimiento de ese material, eso si, mediante un aumento, en general, de la fragilidad. Es decir, el “material” se vuelve a la vez más duro y más frágil. Es decir, tarda más en romper, pero cuando rompe, lo hace más bruscamente. ¿Ocurre lo mismo con las personas?

  4. Julia dijo:

    Pues entonces a lo mejor te gustaría echarle un vistazo a los gráficos del Dr. Hammer, sobre los sucesos que suponen un shock, como se adapta el organismo, como se graba en el subconsciente etc.

  5. pb dijo:

    Yo anado q aunque estes en estado plastico si te pagan una pasta aguantas mas q sino te la pagan. . . O es q trabajas por amor al arte

  6. Pingback: La física de la organización (y 2) | elnietodenicomaco

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