Todo está inventado (II): La solución napoleónica a la crisis de 1805

Habíamos dejado al emperador de los franceses pensando en sus cosas cuando iba camino de Austerlitz a batirse contra las fuerzas austro-rusas. Iba cavilando las medidas que dictaría a sus secretarios personales cuando llegase a su campamento, envuelto en su capote gris.

El problema era grave, por lo que había que afrontarlo lo antes posible, y sus actuaciones se iban a articular en torno a los siguientes ejes:

  1. Trataría de sostener el sistema financiero con una inyección procedente de las arcas públicas del Tesoro. Menos mal que los austriacos y rusos iban a aportar las correspondientes compensaciones de guerra, porque ya no podía vender la Louisiana a los Estados Unidos, como hizo en 1803 (por cierto, a un módico precio de 7,40 $ / km2).
  2. Prepararía la lista de ceses y traidores a los intereses del Imperio y la Revolución, que habían causado, a su juicio, la crisis financiera. Así, de paso, calmaría al pueblo.
  3. Para profesionalizar, controlar y conseguir una Administración que funcionara a su voluntad como cualquiera de sus divisiones militares, redefiniría el sistema educativo (creando las Haute Écoles) en términos meritocráticos.
  4. Y, por supuesto, diseñaría un ambicioso plan de infraestructuras (hay que saber distinguir inversión de gasto). Aunque ésto último casi seguro lo hubiera hecho independientemente de la coyuntura económica, como buen gobernante autoritario.

¿Fueron adecuadas?, ¿fueron las mejores? ¡Quién sabe!, lo único que está claro es que no las podemos “copiar” directamente porque claramente no estamos en las mismas circunstancias. El conocimiento del pasado no nos proporciona las soluciones a los problemas actuales, sino que  nos ayuda a aprender de los errores anteriores, a entender el presente y buscar un mejor futuro. Así que pensemos sobre ello…

Efectivamente, las causas que desencadenaron semejante carajal en las cuentas públicas, así como  el paro y colapso financiero e industrial que sufrió Francia en 1805 no eran las mismas que las actuales, pero en este caso, como en muchos otros (como en casi todos), en lugar de dejar la solución exclusivamente al “ajuste natural” del mercado, las medidas que se adoptaron implicaban un cierto “rescate” (más o menos pronunciado) por parte de la Administración, amparándose en el “riesgo sistémico”, es decir, bajo el principio de evitar males mayores. Ahora bien, de alguna manera, se aplicó el principio de “el que la hace la paga” (esa vieja ley se remonta más allá del código de Hammurabi) y no sólo en base a un criterio de “responsabilidad”, sino también a un elemento disuasorio, para evitar, en la medida de lo posible, que se repitiera tan lamentable coyuntura.

¿A dónde quiero llegar? En España, se han ido adoptando medidas para tratar de salir de la crisis (más, menos o nada acertadas, más o menos tardías, más o menos consensuadas, suficientes o insuficientes…) pero debemos de pensar en qué medidas disuasorias hay que adoptar para evitar la reedición de los problemas, en la medida de lo posible.

Y como los ingenieros somos muy estructurados, os paso unas pocas reflexiones que a mí me parecen importantes (seguro que hay más, pero éstas son las que más me preocupan ahora):

  1. Si se “rescata” una empresa o todo un “sistema”, aquellos que han tomado ciertas decisiones deberán hacerse responsables de las mismas. Tampoco se trata de recurrir a la máquina del Dr. Guillotin, pero el máximo ejecutivo del Royal Bank of Scotland se ha tenido que ir de Edimburgo por la presión de sus vecinos,  después de haber dejado el prestigioso banco como un solar. Y eso sin hablar de Madoff…
  2. Uno de los conceptos básicos en la Estrategia es el famoso sistema de Misión/visión y VALORES. Cualquier decisión adoptada por una persona refleja consciente o inconscientemente su escala REAL de valores (“por sus hechos les conoceréis”), así que estamos dónde estamos (y sé que me estoy repitiendo con el tema) por las motivaciones que impulsaron a los decisores. Y cambiar los valores en una organización es una tarea épica, sólo apta para los más valientes, los más arrojados o los más locos porque se trata de cambiar los valores de las personas y eso, cuando se llega a una cierta edad, es prácticamente imposible.
  3. Por tanto, y aunque no renunciemos a lo anterior (soy/somos el/los último/s romántico/s), en lo que sí debemos reflexionar es en los valores que estamos transmitiendo a las nuevas generaciones. ¿Pelotazo o esfuerzo?, ¿escaqueo o compromiso?, ¿innovación -proactividad- o falta de iniciativa -reactividad-?, ¿ayudar o aprovecharse?… ¿El problema es la Economía? TAL VEZ, pero en el fondo son las PERSONAS.
  4. Y, por último, como ejemplo de concreción y desde un punto de vista técnico, dentro del casi infinito conjunto de soluciones que se barajan (cada una de las cuales daría para un post), me gustaría insistir desesperadamente o rogar o suplicar o exigir o clamar a quién corresponda sobre un único tema: que las inevitables fusiones y el cambio en el modelo de las Cajas de Ahorro se haga con criterios EXCLUSIVAMENTE técnicos. Por favor.
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