Tomando decisiones

Cuentan los clásicos que en la Antigua Roma, una vez que el Senado otorgaba el triunfo a un general victorioso, en el desfile posterior un esclavo le acompañaba en la cuadriga sosteniendo la corona de laurel y murmurándole al oído frases que le recordaban lo efímero del momento glorioso. Aunque no se sabe con certeza la letanía, se especula con que la fórmula empleada era del estilo “Recuerda que sólo eres un hombre” o Recuerda que eres mortal”.

El otro día compartí mesa y mantel con mi amigo Rafael. Rafael es ingeniero industrial y economista, y tiene una dilatada experiencia como consultor en proyectos internacionales de inversión y reestructuración de empresas.  Pero, ante todo, es un gran tipo con una trayectoria vital de lo más interesante. Coincidí con él en una pequeña colaboración y desde entonces comemos periódicamente: es muy importante cuidar el contacto con las buenas personas que el destino tiene a bien poner en nuestro camino. Sus reflexiones sobre el trabajo, las organizaciones o la vida son siempre agudas y divertidas.

En esta ocasión, el meollo de la conversación giró sobre los mecanismos de toma de decisiones y el papel que juega la irracionalidad en algunos casos. Más concretamente, charlamos  respecto a los factores que desencadenan la transformación de un jefe más o menos normal (con sus aciertos y sus fallos, como todo el mundo) en un jefe centrado en el culto al propio ego.

Rafael interpretaba estos cambios como fruto de la vanidad entendida en términos megalómanos, es decir, como la necesidad de sentirse reconocido como superior por los demás y, por tanto, pertenenciente a una casta de elegidos ajena a los códigos de conducta aplicables a los simples mortales, que se convertirían (como las organizaciones bajo su mando) en simples medios para la consecución de sus fines. Una vez dado este paso, argumentaba, “es el principio del fin”.

¿Cómo se puede entrar en esa espiral?. Un primer paso es rodearse de aduladores que ensalzan la figura a categoría de líder incuestionable y mesiánico, y manejan la información para generar una arcadia feliz (matrix) mucha más cómoda que la tozuda realidad. Esta camarilla permite acallar la conciencia propia  y eliminar a los “Pepito Grillo” que existen en la organización e insisten en recordar aspectos importantes, pero incómodos, que perturban la “paz espiritual” del jefe. A medida que el proceso avanza y se retroalimenta, las decisiones se adoptan en base a criterios más cualitativos y personalistas y menos cuantitativos, y las palabras como sinergia, potencial, cuestiones estratégicas sustituyen a los números…

Y así, el problema que en su momento pudo arreglarse crece desmesuradamente llegando, en algunos casos, a arrasarlo todo.

¿Existen contramedidas?. Como siempre, es muy fácil detectar errores de este tipo a posteriori, pero ahí van unas ideas:

  • A nivel individual, humildad (casi nada),
  • A nivel de gestión de equipos, incluir la figura del abogado del diablo (a ser posible rotatoria),
  •  A nivel organizativo, sistemas de control de riesgos.

 Sin necesidad de llegar a tal extremo, aunque muy relacionado con lo anterior, “el pensamiento grupal” (groupthink en inglés) es un fenómeno sobre la toma de decisiones estudiado en las escuelas de negocio. En síntesis, es el mecanismo por el cual el equipo de colaboradores más cercano refuerza sistemáticamente los planteamientos del líder, sobrevalorando deliberadamente aspectos positivos de todas sus propuestas y obviando los riesgos asociados.

Esta situación surge de un fuerte liderazgo y la premisa errónea de que cualquier duda, análisis o enfoque alternativo supone no sólo una falta de compromiso o lealtad al proyecto, si no que constituye una traición al líder y al grupo. Se trata, como mínimo, de un síntoma de inmadurez de los colaboradores y, sobre todo, del jefe en cuestión: un equipo directivo crítico (de forma constructiva) y exigente consigo mismo es garantía de convencimiento e implicación en el proyecto empresarial.

Quizás habría que institucionalizar ese portavoz de la realidad en algunas organizaciones para rescatar a los equipos de los momentos de euforia, como le pasaba al general romano en la celebración de su triunfo.

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6 respuestas a Tomando decisiones

  1. Excelente !!!

    Tu segunda recomendación impecable. A mi cuando me dicen sí tres veces seguidas a tres planteamientos, me empiezo a poner nervioso. Soy consciente de que mi capacidad para equivocarme es infinita. Y si todo lo que se digo se acepta puede ser por dos causas, porque los que me rodean no piensan o porque no estoy siendo suficientemente ambicioso en mis planteamientos y sólo digo obviedades. No sé que es peor.
    En cualquier caso las personas en el equipo que jamás me aceptarán nada no aceptable las tengo claramente identificadas. Después hay también el perfil de la persona que no dice nada pero después hace lo que le sale de los huevos, independientemente de lo que plantee, pero que acostumbra a ser correcto. De estos últimos tb se aprende.

  2. RTB dijo:

    El planteamiento es impecable pero su aplicación es dificil. La dificultad estriba en: “a que nivel de jefes nos referimos”.
    Dependiendo del nivel de jefatura del que hablemos es una cosa u otra. Un director profesional y con formación, de lo que sea, que tenga un equipo a su mando, no tiene ni la más remota posibilidad de ser adulado hasta los límites que lo va a ser un Presidente y Propietario del mayor paquete de acciones, que por ello será perceptor de sumas inverisimiles (del orden de 10 millones de EUR al año).
    A este pavo, la adulación le lleva a ruedas de prensa, eventos periodísticos, inversiones de prestigio o desprestigio, promoción de palcos, compañías de famosos, carreras de lo que sea y por último a premios del “Empresario del siglo que sea”, pagados, por supuesto, incluido el evento.
    Esto se complementa con una piramide faraónica, que cuesta un congo, nunca menos de un edificio, nuevo o a remozar.
    Llevarle la contratria a un dinosaurio de este porte solo tiene una mínima protección. Y eso si el adulado, está de verdad engreido en sí mismo. Porque cuanto más engreido esté menos te puede echar porque piensa, “No lo echo porque le quiero mucho, porque me cuesta un huevo y además seria reconocer que me equivoque dandolo el poder que le he dado”. Y no le gusta ninguna de las tres.

  3. JN dijo:

    Considero la propuesta renovadora … aunque hace muchos años mi padre me hablo sobre esta tradición romana, no la recordaba y es precisamente lo que se pretende, que no olvidemos .. todo es efimero.
    Me pregunto que tan dificil sería intentar aplicar estas 3 ideas pero no solo a las organizaciones ¿por que dejarlo hasta ahí?, creo que enriquece a modo personal y de pronto que eleven este conocimiento invaluable a todos los gobernantes del mundo.
    Concuerdo que la toma de decisiones sin el valor añadido de un feedback no es bueno y dicha falta de interacción fortalece a la vanidad de los hombres, el no aceptar los errores cometidos y la poca ambición de estudiar planteamientos diferentes.
    Puede ser que el “pensamiento grupal” nace no sólo de la desidia que abunda actualmente sino tambien de la falta de motivación en las empresas con respecto a sus empleados. Por otro lado, existe más de uno (jefes) que por su formación no aceptarían éstas 3 ideas que se presentan como alternativas reales.
    Al final, el cambio inicia con uno mismo.. y eso es un buen comienzo.

  4. Gema dijo:

    Estudia, no para saber mucho sino para saber mejor que otros
    Saludos andaluces

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