La Financiación de la Administración Local

La semana pasada, el Gobierno anunció que los ayuntamientos cuya deuda fuese inferior al 75% de sus ingresos,  podrían endeudarse adicionalmente a lo largo del ejercicio de 2011 para poder hacer frente a  sus gastos previstos. La noticia ha generado un debate sobre la lista de los municipios que pueden acudir a este recurso y los que no, buscándose las implicaciones político-electorales del asunto. Desgraciadamente, salvo honrosas excepciones, una vez más nos hemos quedado en la superficie y no se ha analizado ni el porqué ni el para qué del endeudamiento de las corporaciones locales.

Los números son ciertamente alarmantes (el que quiera preocuparse que relea mi post Mi deuda, tu deuda, su deuda, nuestra deuda… yo ya me deprimí en su momento), pero quizás haya que indagar en el pasado y analizar alguna de las causas que nos han traído hasta este punto.

En la época de crecimiento de los precios de la vivienda se realizaron numerosos análisis sobre cómo el precio del suelo impactaba en el precio final de venta del piso en cuestión.  Hubo operaciones en las que el 60-70%  de la estructura de costes provenía del propio solar.¿Cómo era posible que alcanzara ese precio?. Junto con los consabidos aspectos de exceso de liquidez en el mercado y la demanda de vivienda (y por tanto el encarecimiento de las materias primas del producto), se puso de manifiesto otra cuestión decisiva: el marco regulatorio urbanístico.

Sin entrar en la bondad o maldad de los principios que inspiran la legalidad vigente, ni en las posibles incongruencias que se pueden encontrar en la misma (para eso hay profesionales que saben infinitamente más que yo del tema), hay que constatar un hecho: gran parte de las corporaciones locales equilibraron su presupuesto y/o ampliaron sus capítulos de gasto gracias  a los ingresos extraordinarios (en el sentido estricto de la palabra) provenientes del “ladrillo”, bien vía tasas y resto de impuestos relacionados, bien vía venta de activos (suelo) municipales que aportaron caja a las arcas del ayuntamiento.

Llegados a este punto, tenemos un problema. Por definición, un presupuesto sostenible en el tiempo  es el que equilibra ingresos y gastos por las propias actividades ordinarias y no precisa de aportaciones extraordinarias sistemáticas para compensar el gasto corriente. Además no podemos olvidar que, desgraciadamente, las posibilidades de corrupción aumentan cuando ingentes cantidades de dinero están asociadas a recalificación urbanística.

Ahora que se han caído los ingresos procedentes de la vía extraordinaria, las cuentas del consistorio no cuadran. Ya no sólo no se paga a los proveedores, sino que también existen problemas para cumplir con las nóminas de muchos empleados municipales. Es más, la situación ya es tan habitual que, en breve, va a dejar de ser noticia. Y esto irá a peor en lo que resta de año y, como mínimo, 2011.

El problema de la financiación local siempre ha estado ahí y, en lugar de haberlo corregido en una época próspera,  ahora está explotando en toda su dimensión. ¿Fue el problema de la financiación local un causante del aumento de los precios de la vivienda? o ¿fue la burbuja inmobiliaria, la que provocó que las corporaciones locales vivieran por encima de sus posibilidades?. ¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?. En cierto modo, es irrelevante y probablemente ambos efectos se retroalimentaron. Pero no nos perdamos en discusiones bizantinas, la cuestión fundamental es ¿cómo abordamos el problema?. 

En mi opinión, existen dos opciones: la buena y lo que va a pasar.

La opción “buena” requiere altura de miras por parte de los líderes políticos y se basa en poner sobre la mesa el modelo de estado y, entre otras cosas, clarificar y eliminar duplicidades en competencias y dotar de recursos a cada administración para poder cumplir con ellas de cara al ciudadano. Es una cuestión de GESTIÓN con letras mayúsculas. Se trata de sentido común:

  • Hay que pensar en el ciudadano, hacer un ejercicio de realismo y no generar falsas expectativas al votante para seguir en el poder.
  • Hay  establecer un marco legal que garantice la estabilidad presupuestaria para que el gobernate de turno no se gaste los recursos de los próximos 10 años en una legislatura, y si lo hace, que pague por ello.

Tal vez sea el último romántico, pero la situación es grave y debemos tomar conciencia y afrontar los problemas: la negación de los mismos no puede ser solución.

No obstante, hasta que no se llegue al pacto descrito anteriormente,  “lo que va a pasar” es lo que en algunos sitios ya está sucediendo, y es que cada municipio va a tratar de buscarse la vida como pueda:

  • Subidas (más o menos encubiertas) de impuestos y tasas municipales (IBI, basuras, circulación de vehículos…).
  • Recorte de gastos a discreción. Esto no es malo ya que la austeridad debería ser un valor siempre presente en la gestión pública. Sin embargo, el problema radica en que, en ocasiones, las prioridades del gobernante no están alineadas con las del conjunto de la ciudadanía ni existe transparencia en los criterios adoptados. (¿Para cuándo se introducirán los presupuestos participativos?).   
  • Sacar a concesión servicios básicos a cambio de un “canon” inicial a cuenta, que alivie la tesorería de las arcas municipales. El modelo de gestión indirecta o concesional tiene, en muchos casos pero no en todos, sentido desde el punto de vista técnico ya que puede introducir criterios de eficacia y eficiencia que se traducen en un mejor servicio al ciudadano, que es la razón de ser de todo el sistema.

Sin embargo, un ayuntamiento en situación límite pierde de vista (obviamente)  este planteamiento y sólo piensa en la consecución de caja que le permita pagar sus nóminas. Y para éso sacará a concesión (o planteará una ampliación de la misma) todos los servicios susceptibles de ello: gestión de residuos sólidos urbanos, parkings, agua, etc… independientemente de su conveniencia técnica. Un claro ejemplo del “pan para hoy y hambre para mañana”.

Ojalá me equivoque, pero me temo que en esta ocasión acertaré. Y es una pena porque nos estamos jugando mucho.

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4 respuestas a La Financiación de la Administración Local

  1. improvablog dijo:

    Llevo meses picando piedra en los ayuntamientos en un intento de ayudarles a mejorar la gestión. Por lo visto y conversado con ellos existe amplio margen para el recorte del gasto sin recorte de prestaciones, entre otras cosas, a través de una mejor gestión de servicios subcontratados: mantenimiento, limpieza, … Nadie mueve pieza, como Grecia, esperan a que alguien les venga a sacar las castañas del fuego…

    Un saludo:

    Fernando

  2. Rafael T dijo:

    Como dices, va a pasar lo “segundo”, pero tambien es bueno, porque de alguna forma vamos a reducir el tamaño de la Administración que es una de las necesidades urgentes de esta nación. En todos los estamentos. Central, Autonomico y Local sobran funcionarios que como dices están duplicados, triplicados o que hacen cosas que nadie necesita.
    Y esto segundo es también bueno, de forma tangencial, porque buena parte de las alcaldías de medio y pequeño tamaño han dejado de ser bocados deseados por los aspirantes a politicos rampantes. Ya sabemos de pueblos, donde no es fácil encontrar candidatos a alcalde. Antes, habia empujones para colocarse en la parte alta de la lista de determinado partido de cualquier pueblo mediano porque había proyectos urbanisticos que podían “regar” a muchos. Ahora no. Esto es bueno, porque igual se tiene que presentar a alcande ese tipo de persona que todo el mundo conoce en el pueblo y del que se fían todos, milite en el partido que sea. Y ejemplos de esto hay. Me viene a la mente el alcalde de un pueblo de Zaragoza, que desde 1968 hasta su muerte en 1986 fue alcalde, primero por decisión gubernamental y después por votación popular. Sin interrupción, sin enriquecerse y casi venerado por su pueblo.

  3. Gabriel Ginebra dijo:

    Parece casi inevitable que pase lo que tiende a pasar. Es el principio de “lo más probable” que domina la lógica de Dilbert para los negocios. Me viene mucho a la cabeza el paralelismo con los equipos de futbol. Ninguno está equilibrado en este país. Pagan (ahora) a costa de lo que esperan que ingresarán (después). Es el principio de prudencia de la contabilidad invertido. Si al final, como pasa en la administración, nunca pasa nada, porque la administración no puede quebrar, ni te pueden bajar a segunda (quizá sí se puede avanzar por aquí y este es el alma de las nuevas medidas), pues pasa lo que suele pasar. Ayer empecé un nuevo curso en la universidad. ¿Qué va a pasar? Los alumnos van a descubrir que sus hábitos de clase no son educativos y van a adaptarse a sistemas más participativos y activos, o por el contrario, van a hacerme el boicot por todos los medios para intentar que yo me abaje hasta sus rastrera aproximación de dictar unos apuntes y pedirlos en un examen escrito de memoria? Os iré contanto la evolución. Un saludo a todos.

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