Planteamientos del S.XIX para problemas del S.XXI

Somos lo que somos como herederos de nuestra historia y, si me permitís una visión heterodoxa y quizás simplista, especialmente de lo acontecido en los s. XIX y XX. En mi opinión, nuestra organización social (democracia), inspirada en el Siglo de las Luces (s.XVIII: ilustrados, filósofos, enciclopedistas), es fruto de la revolución industrial, las revoluciones políticas decimonónicas y la consolidación del Estado-Nación vivida durante la primera mitad del s.XX.

Nuestro régimen parlamentario, fundamentado en la separación de poderes de Montesquieu, se sustenta en un criterio de representatividad articulado a través de un sistema de partidos políticos subvencionado desde la Administración. Cuando en el mundo occidental se afianzó el concepto de soberanía nacional (el poder emerge del pueblo), ésta se puso en práctica gracias al concepto de representatividad: los ciudadanos (soberanos) delegaban en sus representantes la toma de decisión en ciertos temas de interés general que requerían formación, dedicación plena  y una visión conjunta que buscara el bien común.

Y para facilitar ese proceso de representatividad (vía elecciones) están los partidos políticos cuya razón de ser, en origen, es la defensa de una línea de acción entorno a una ideología y un programa en los que se ve pueden ver representados los ciudadanos.

Llegados a este punto, hay un hecho claro: los ciudadanos de hoy ni son (imposible metafísico) ni tienen las mismas necesidades o inquietudes respecto a la Administración que los ciudadanos del XIX o los de la primera mitad del s. XX.

Es preciso redefinir la relación con nuestros representantes. En términos “macro” la formación media de los españoles es indudablemente superior que la de nuestros abuelos y bisabuelos y, lo que es más importante, los actuales medios tecnológicos (internet, videoconferencias…) superan ciertas barreras físicas existentes en siglos pretéritos y están dando lugar a nuevos modelos de comportamiento y relación que superan los tradicionales.

Del mismo modo que los modelos de negocio han ido incorporando las posibilidades tecnológicas, eliminando intermediarios que no aportaban, debemos ser exigentes con este sistema de intermediación política. Y esa exigencia comienza, en mi opinión, por favorecer la presencia ciudadana en la toma de decisión (en un post previo ya mencioné los presupuestos participativos) y la transparencia real sobre los acuerdos adoptados.En este sentido, la ausencia de una sociedad civil potente y exigente con nuestros gobernantes está dando paso al fenómeno de partitocracia (Gustavo Bueno, dixit) en el que el representante se sirve del representado en lugar de servirle.

Algo similar pasa con los sindicatos. Es cierto que se han alcanzado importantes derechos (gracias a toda la sociedad, no sólo a los sindicatos) laborales respecto a los tiempos de los iniciales trade-unions  pero los logros anteriores no justifican, en mi opinión, un planteamiento anacrónico de la acción sindical, ni ciertos privilegios. ¿Cuántos afiliados hay?, ¿qué porcentaje de jóvenes -los trabajadores del futuro- están afiliados?, se autocalifican como los representantes de los trabajadores pero, ¿seguro que todos los trabajadores les reconocen esa función? y en esta situación, ¿quién representa a los parados?.

El léxico y la pose empleados por ciertos líderes sindicales (“vamos a reventar Madrid”) así como el recurso a la “lucha de clases” superada, afortunadamente, en los tiempos que corren, son propuestas muy pobres que causan, sucesivamente, perplejidad, tristeza y preocupación. En definitiva, los sindicatos tienen que actualizarse para recuperar la legitimación social imprescindible para ejercer su función.

Pero la cuestión fundamental que se esconde tras estas líneas es que, cuando las instituciones del sistema no son capaces de dar respuesta a las necesidades más perentorias,  la gente busca soluciones fuera del mismo y, de ahí a opciones radicales (anarquía, autoritarismo), sólo hay un paso. Ejemplos sobran en la Historia. Afortunadamente, no creo que en estos momentos nos encontremos en esta situación, pero un país no puede soportar una tasa de paro del 20% de forma indefinida, ni la pérdida de una generación preparada que puede acabar emigrando en masa.

Más pronto que tarde, habrá que redefinir (y actualizar) el Contrato Social que tácitamente ha construido las instituciones existentes y su relación con el ciudadano.

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3 respuestas a Planteamientos del S.XIX para problemas del S.XXI

  1. Ignacio Lozano dijo:

    Como siempre agradecemos tu post, muy clarificador.
    Apunto, a mi entender, que el espíritu de la democracia es que los partidos políticos (dirigidos por personas capaces) representen los intereses del pueblo, para en definitiva, hacer la vida cada vez más fácil al conjunto de la sociedad presente y venidera. Sin embargo, ya lo anunció Sartre, que las ideologías (entendemos movimientos) son buenas cuando se forman y después pierden su espíritu (se corrompen o se vician).
    Por otro lado, los sindicatos son los que los americanos llaman “insiders”, es decir, se protegen a ellos mismos dejando fuera a los trabajadores ajenos a sus intereses y, aún más, al 20% de parados que tenemos que no tienen sindicato que les represente para poder volver al mercado laboral.
    Por último, echo en falta que nuestros dirigentes públicos (¡que manejan nuestro dinero…que en conjunto en mucho!) se vayan “de rositas” tras gestiones desastrosas no solo en el ámbito político sino en el entramado empresarial público. ¿Cómo se audita y cómo se delimitan las reponsabilidades de estas personas jurídicas en el ámbito legal?

  2. Rafael T dijo:

    Gracias por vuestra aportación a los dos, Antonio y Ignacio. Complementais una visión que quiero exponer; es la siguiente.
    Ese Contrato Social, como todo contrato, ha de tener penalizaciones por incumplimiento y ha de dar lugar a responsabilidades personales, cuando del devenir de los actos u omisiones del Administrador se deriven daños que afectan a generaciones de habitantes.
    Estas o parecidas palabras están escritas en las leyes que articulan el derecho consursal, que establecía hasta la posible retroactividad de una situación concursal, cuando el Magistrado entendía que el Administrador había actuado en los últimos meses, hasta seis, bajo presión extrema por causas de escasez de tesorería y eso le había inducido a hacer operaciones a perdidas, solo por ganar un tiempo, cuando esas acciones condenaban aún más a la compañía a la ruina.
    Y si el asunto progresaba a mal, le abrían al Administrador la pieza quinta de responsabilidad penal. Así que me pregunto: ¿ a ver, quién es el Administrador de esto, según escrituras? que salga.
    ¿Procede la retroacción de esta quiebra? Pues parece que sí, y por varios años.
    Y como no ha declarado quiebra de la sociedad ante un juez, se entiende que accede a completar con sus bienes personales el deficit patromonial, ¿no?.
    Esto regía para un humilde profesional al que los avatares de la vida le habían llevado a que el propietario del negocio le hiciera por confianza administrador. ¿Porque no se aplica a todos los cargos políticos?

  3. Gabriel Ginebra dijo:

    Tocas dos temas que cada uno necesitaría varios post: los partidos y los sindicatos. Vayamos ahora por el de mayor actualidad. El derecho de huelga es el recurso extremo de unos trabajadores (concretos) que bloquean la producción, para presionar ante reivindicaciones (concretas) ante el patrón. De esto al boicot de una ciudad, la amenaza a cualquiera en la calle e impedir el derecho a la libre circulación de personas -como dices- hay un gran proceso de distorsión. No se cumple con el medio, ni tampoco con el objetivo: ¿qué te tienen que dar? ¿quién lo tiene que dar? ¿a quién? Siempre me ha llamado la atención el apabullantes conservadurismo social de seguir con instituciones y legislaciones, cuando la realidad que regulaban está totalmente extinta.

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