El Sector Público en la encrucijada

Hace un par de semanas asistí a una mesa redonda organizada por el Club de Gestión Pública de ESADE titulada “Y ahora… ¿qué sector público y cómo financiarlo?”, en el que participaron como ponentes dos destacados políticos: Elvira Rodríguez por parte del PP y Antonio Miguel Carmona por parte del PSOE, siendo el moderador el profesor Paco Longo.

En mi opinión, el debate se centró en las formas de financiar el sector público: ¿endeudarse o subir impuestos? y el origen de la crisis (¿el sistema financiero?, ¿el excesivo intervencionismo?). También se trató, de forma general, la introducción de mecanismos de Colaboración Público-Privada como herramienta de financiación, y se pasó por encima y con una perspectiva muy “política” por la gran cuestión anunciada en el título: ¿Qué Sector Público?, pese a los esfuerzos del moderador por introducirlos en la discusión (por cierto, imprescindible la lectura de su artículo en El País).

La crisis actual que azota España ha puesto de manifiesto un montón de problemas estructurales que, ocultos y potenciados por el esplendor del exceso de liquidez de los años gloriosos, se iban enquistando en la economía de nuestro país: escasa productividad, déficit público descontrolado, balanza comercial negativa, PIB volcado en la edificación y empresas financieras en lugar de en “economía real”…

Los problemas están ahí y hay que afrontarlos en toda su dimensión. No basta con aplicar acciones puntuales que, aunque pueden ser acertadas, sean inconexas (a modo de parches sucesivos), imprevisibles y, por tanto, desconcertantes. Gestionar es tomar decisiones de acuerdo a una planificación. Y no hay fórmula mágica ni piedra filosofal alguna. En cualquier planificación las etapas están claras: diagnóstico, generación de alternativas,  y selección, implantación y seguimiento de las medidas adoptadas que constituyen el plan (estratégico) adoptado.

La alternativa a la planificación, la improvisación (el reverso tenebroso de la creatividad), reduce notablemente las posibilidades de éxito y, sobre todo, tiene el pernicioso efecto de que si ha funcionado en alguna ocasión, el responsable puede caer en la tentación de adoptarla como esquema válido de toma de decisiones.

Que el Sector Público sea parte del problema puede resultar discutible. Pero lo que sí que tengo claro es que debe formar parte de la solución. Pensemos por un momento: el fin último de las diferentes administraciones es gestionar eficientemente unos (muy limitados) recursos para cubrir eficazmente las necesidades de los ciudadanos. Así que, ¿qué aspectos se pueden mejorar?.

Quizás sería bueno plantearse primero el cómo estamos haciendo las cosas y dejar en segundo lugar el qué cosas tenemos que dejar de hacer. Tal vez así conseguiríamos que el recorte a llevar a cabo (o la subida de impuestos) fuera menor. ¿Soy un ingenuo al pedir esa altura de miras y reclamar que se piense en el ciudadano? Seguro. Sobre todo porque estoy pensando en una revisión integral del sistema, del que tengo ciertas dudas (igual alguna de ellas infundada por mi desconocimiento): políticas de infraestructuras descoordinadas, pérdidas de economías de escala con la estructura competencial actual, modelo educativo, administración electrónica, modelos de gestión (pública, concesional, mixta, colaboración públivo-privada) inadecuados según qué casos, aspectos de gestión en la administración de la Justicia….  En definitiva, una redefinición (que no tiene por qué ser reducción) del Sector Público, que incluya el qué hacer y cómo hacerlo, actualizando los sistemas de gestión vigentes.

En este sentido, en la mayoría de los casos que conozco el sistema de gestión de los organismos públicos es el  control del presupuesto, incrementado (o reducido) anualmente de acuerdo al cierre del ejercicio anterior. Esto genera, entre otros, el efecto perverso de que cada responsable trate de gastar toda la partida presupuestaria (aunque sea en cuestiones innecesarias) para disponer de más recursos para el año siguiente. ¡Ni siquiera se trata de un presupuesto en base cero!, así que hablar de un sistema basado en una dirección por objetivos operativos, orientados al desempeño realizado y a la generación de Valor Público es prácticamente ciencia ficción, salvo en muy honrosas (y heroicas por lo no reconocidas) excepciones.

Para gestionar según estos principios, es cierto que se precisan directivos públicos profesionales que los apliquen. Cómo indica el profesor Longo en el artículo mencionado previamente: “…Y como no hay management sin managers, para todo lo anterior resulta imprescindible profesionalizar la dirección pública. […] Crear una dirección pública profesional, alejada por igual de la petrificación burocrática y la colonización partidista, es urgente y necesario.”

Para conseguir la capacitación y habilidades necesarias existe un remedio: formación. En la Administración Pública existen excelentes profesionales que, con la formación adecuada, pueden desempeñar esos puestos de forma solvente. Eso es lo fácil. Lo difícil es que luego les dejen actuar sin injerencias discrecionales.

En lo referente al concepto de Estado del Bienestar y la Función Pública, el momento en el que nos encontramos es crucial. Se están tomando decisiones que condicionarán de forma decisiva nuestro futuro y, o bien el debate se estructura en base a una reflexión que busque la generación de Valor Público, o las decisiones adoptadas en cuanto al modelo de gestión se basarán en la generación de caja a corto plazo, aunque sea malvendiendo “las joyas de la abuela”. Y lo peor es que, al no resolver los problemas de fondo, éstos resurgirán de nuevo con más fuerza y con menos recursos para afrontarlos: pan para hoy y hambre, mucho hambre, para mañana. Y, al final, otros decidirán por nosotros lo que hay que hacer.

Al parecer,  el mismo símbolo gráfico chino de “crisis” incluye los conceptos occidentales de “amenaza”  y “oportunidad”. Así que Confucio nos diría que detrás de una gran crisis hay una gran oportunidad. Ojalá nuestros gobernantes tengan la altura de miras, la humildad para reconocer los errores pasados, y la audacia para impulsar los cambios radicales que son  necesarias para construir, entre todos,  esa gran oportunidad de futuro.

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6 respuestas a El Sector Público en la encrucijada

  1. Viky dijo:

    Intentar redefinir “el sentido del sector público” desde el principio, a priori, se me antoja una tarea titánica. Pero, haciendo una analogía con el mundo empresarial ¿qué hace una empresa en un entorno con problemas de financiación? Identificar sus competencias esenciales, su “core business”, su aporte de valor, y centrarse en ellas para planificar llegar a ser lo que quiera ser (planificar: recursos+tiempo = objetivos).
    Aplicado al caso, el sector público debería centrarse en sus competencias esenciales identificando como tales aquellas en las que aporta valor para el ciudadano.
    El concepto de valor público esta hasta en la wikipedia (the term and concept were invented by Harvard professor Mark H. Moore, who published a book on the subject, Creating Public Value Strategic Management in Government, in 1995).
    Ahora bien, hay un número bastante elevado de personas del sector público que si les cuentas eso no saben ni de que estas hablando… Y tampoco tienen mucho interés en saberlo, ni en formarse ¿cambia algo si están formados?
    Las resistencias al cambio en el sector público sí que son titánicas, ojala la crisis sea una oportunidad para vencerlas.

  2. Ignacio Lozano dijo:

    ¡ Hemos saboreado un magnífico post, digno de alta cocina !
    Compartimos y aprendemos de tus comentarios (gestión pública de recursos escasos, los principales problemas estructurales – que no coyunturales- de la economía española,…). Añado una serie de puntos que se me han ocurrido al leer el post y los presento ordenados:

    1. ESTADO DE BIENESTAR.
    Estamos en un momento importante donde el mantener nuestro estado de bienestar (que se come las 3/4 partes del presupuesto) y que consiste en educación, sanidad y prestaciones sociales (paro, ayuda discapacitados,…). Este no sólo se deberá hacer con eficacia (que ya es difícil) sino ahora más que nunca con eficiencia que es lo que comenta Antonio Rodríguez (¡Gestionar bien (de una vez)!).

    2. ¿QUIEN NOS CUIDARÁ?
    Pues nosotros mismos…Reflexiono sobre una cuestión que Antonio hace ya tiempo apuntó y, espero sea de su agrado el resumen que hago a continuación. A día de hoy, en un país cada vez más debilitado, la “fauna política” está constituida por personas cada vez menos cualificadas (exceptuando a un porcentaje muy muy reducido y cada vez más escaso). Es decir, el estado de bienestar nos dio educación (se supone valores) y los peores cualificados (en conocimientos y valores) son los que dirigen nuestras regiones y el país. El problema de quién gestiona “los dineros” es crucial y una vía de mejora es la inclusión (como apuntan Antonio y el profesor Francisco Longo) de profesionales del management con valores, conscientes de que se le piden resultados en una etapa de trabajo en la que lo importante es crear valor para la sociedad y no sólo para uno mismo (es un tema de valores personales y profesionales).

    3. FINANCIACIÓN…
    Antonio comenta que la venta parcial de empresas públicas puede ser “pan para hoy y hambre para mañana” y ello es debido a la improvisación. A diferencia del mundo anglosajón en España las privatizaciones, concesiones,.. se deben a criterios básicamente financieros (¡ ahí está el problema!). Lo adecuado es atender al “value for money” es decir, conocer si realmente se CREA VALOR PARA LA SOCIEDAD y no sólo en el corto plazo (¡esto es gestionar!).

    Aprovecho hoy 4 de diciembre para felicitar a los improvisadores (que no creativos) por su onomástica: Santa Bárbara.

  3. He podido mantener relación en el último año con una enorme cantidad de organizaciones del ente públio, pero en especial: universidades y ayuntamientos. Cada una de ellas requiere de medidas personalizadas. Los ayuntamientos gastan sin medida llevados como dice Antonio por la inercia. Una buena forma de analizar el fenómeno es mirar una organización de menor tamaño y recordar donde perdimos el norte al crecer. Por ejemplo, las fiestas del pueblo de mis abuelos(6 habitantes) las organizan voluntarios(desaparecen cuando les das todo hecho), que también se encargan de la limpieza posterior, en mi pueblo no tenemos jardineros (quizás se podrían subcontratar ¿para que quiere un ayuntamiento tener en nómina jardineros), en mi ayuntamiento gestionar es fácil porque no tiene presupuestos elevados. Las cosas se planifican bien y cuando no hay dinero no hay fiestas y punto, no son esenciales. No hace falta ser grandes gestores porque hay poco que gestionar. En los ayuntamientos que he visitado,salvo honrosas excepciones, la ineptitud para mover millones de euros de manera eficiente era patente.
    En cuanto a las universidades, lo de la gestión también funciona. Si no hay dinero hay que ver que se deja de hacer. Toca que el cesped esté largo o que se lo coman las vacas, toca que el suelo esté bacheado en las calles de la universidad, también toca que algunos trozos del encalado se caigan y afeen la escene, básicamente porque el país no está para pagar todo eso. Pero lo que más falta las universidades es la financiación privada. En mi pueblo te vienen, te piden dinero para que contribuyas y puedas ir a la fiesta. En las universidades esperan a que les caiga del cielo (las transferencias autonómicas), pero tan sólo determinadas escuelas privadas son capaces de dar una educación excelente, generan sentido de pertenencia en el alumnado, por su calidad colocan a sus alumnos en los puestos clave del país, y cuando necesitan dinero, lo piden y se lo dan. ¿Para cuando un rector que mueva el culo y sea capaz de generar ingresos? Falta proactividad, calidad educativo y a falta de rector bueno un gerente realmente profesional.

  4. Barbara Muñoz de Solano dijo:

    No cabe ninguna que el beneficio de esta crisis es el replanteamiento teórico que se está suscitando de la estructura directiva de nuestro país, de la distribución de las competencias y las capacidades de decisión. Tal y como recoge el blog no hay escasez de excelentes profesionales en la Administración, sino que el poder de decisión recae sobre los cargos pólíticos de confianza cuya formación es en la mayoría de los casos “política” más que teórica aplicada al cargo directivo de la Dirección que ocupan. Existe la idea de que un buen gestor es capaz de gestionar cualquier tipo de organismo, y se parte de la base que un buen político es un buen ejecutivo en el seno del misnisterio, y sin embargo, salvo excepciones puntuales, los pólíticos no sólo adolecen de formación directiva sino que además desconoces las bases teóricas de la unidad, ministerio o dirección que representan, realidad que les hace enteramente vulnerables a las decisones imperantes del cargo.
    Debería considerarse la opción de sustituir los cargos públicos directivos y asesores ajenos a la adminsitración por altos funcionarios que sean conocedores de ambos sectores.

  5. Rafael T dijo:

    Diculpad el retraso en la publicación de mi nota a este magnifico artículo sobre el problema que tenemos de verdad. El problema capital es que estamos cuajados de “gestores de reputado prestigo” que provienen de la Administración, en gran medida de la politica, de donde han ascendido a las cotas del empresariado, sustituyendo a los que de verdad forjaron este país, luchando y haciendo cuentas muy ajustadas sobre como llegar a la nómina. O sea responsables de eso que los franceses llaman “tènir l’angoise”. Soportar la angustia de esperar un ingreso de un cliente para cubrir la nómina de un mes mientras mantienes la cara de tio asertivo con un trabajador y amigo, que te pregunta ¿vamos a cobrar hoy, no Rafa?.
    De esos ya quedan pocos, solo hay que mirar cómo dejan las insituciones y empresas publicas esos g.d.r.p. que he definido cuando les cambian de puesto. Arrasadas.
    Y es que se ha olvidado un concepto, que me vi obligado yo a repetir en un Ministerio de un pais latinoamericano la semana pasada donde estaba trabajando. “El sector publico vive, come y bebe del privado. Y hasta cuando el público dice que el privado vive de subvenciones, es falso, porque si no existieran los programas de ayudas, no existirian tantos funcionarios que generándolos autojustifican su existencia”.
    Con ese comentario es inceptable que el mismo ejército de gestores, diseñe politicas para ver como nos ajusta sin valorar antes cómo está haciendo él las cosas.

  6. Pingback: El recorte presupuestario como ¿solución? | elnietodenicomaco

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