El Síndrome de Ícaro

Cuenta la mitología griega que Dédalo, el más importante arquitecto e inventor de la época arcaica, estaba atrapado en la isla de Creta después de haber construido el laberinto del Minotauro, retenido por el rey Minos para que no desvelase su secreto. Dispuesto a escapar de su cautiverio, diseñó unas alas con plumas de pájaro entrelazadas con cera para que tanto él como su hijo Ícaro pudieran escapar literalmente volando, ya que el rey controlaba la tierra y el mar.

Tras fabricar con éxito tan fabuloso artilugio, Dédalo le indicó a su hijo que no volara demasiado alto, ya que las alas no estaban preparadas para volar cerca del sol, y el calor podría derretir la cera y provocar su caída.  Tras un buen comienzo, Ícaro fue ganando confianza y atraído por la grandiosidad del Sol y la agradable sensación de su luminosidad fue ganado cada vez más altura, desoyendo el sabio consejo de su padre.

Como el invento aguantaba, siguió y siguió incrementando la altura de su vuelo pese a los desesperados ruegos de su padre, hasta que finalmente la cera se descompuso, las alas colapsaron e Ícaro se precipitó al vacío.

icaro

Evidentemente, las enseñanzas que se pueden extraer de esta tragedia son numerosas y aplicables a muchas facetas de la vida. En este sentido, hoy me gustaría compartir con vosotros dos reflexiones vinculadas (¡cómo no!) al mundo de la empresa y de las organizaciones en general.

Sobre “los quemados”

Como todos sabemos, en ciertas organizaciones existen muchos profesionales que están quemados por un jefe que “abrasa” sistemáticamente a todos los que han estado, están o estarán a su alrededor. En este sentido, aunque lo más habitual es que el profesional se “tueste” con el superior que le ha tocado en suerte, de acuerdo con la estructura jerárquica (sobre este punto es muy recomendable leer a Christina Maslach, de Berkeley), se dan casos en los que el profesional se ha acercado más voluntaria que obligatoriamente al superior que le está desquiciando.

Este fenómeno es más común de lo que inicialmente se podría pensar y puede acontecer en empresas de servicios, intensivas en mano de obra cualificada, en la que la presunción de meritocracia implica que los directivos son los que atesoran mayor conocimiento y experiencia en el sector que operan. Si a este prejuicio se le suman unas gotas de paternalismo y cierto carisma apoyado por una buena retórica (que pasado cierto tiempo se descubre como vacía e inicua), los jóvenes profesionales buscarán todas las vías posibles para acercarse a estos personajes, atraídos por promesas tácitas (que luego se descubrirán huecas), algunos con la intención de aprender, otros con la intención de estar cerca del poder.

Y lo harán voluntariamente, sin darse cuenta de que aquellos que les precedieron acabaron “chamuscados” y que ellos no son tan especiales como pensaban. Como Ícaro.  

quemado

Sobre “los temerarios”

Otra reflexión sobre la historia inicial, es la necesidad de estar bien preparado y conocer nuestras propias limitaciones y debilidades a la hora de ascender en la pirámide de mando de una organización. Con esto NO estoy diciendo que hay que huir de los retos, quedarnos en nuestra zona de confort y autolimitarnos para evitar equivocarnos. Ni mucho menos. Estoy recordando la antigua máxima socrática: “conócete a ti mismo”.

En mi opinión, la clave está en la diferencia entre “audaz” y “temerario”. Una cita clásica indica que “Audentes fortuna iuvat” (la fortuna sonríe a los audaces). Una persona audaz asume objetivos complejos, replantea paradigmas, persevera y lucha con sus recursos disponibles para alcanzar las metas fijadas. Pero lo hace conociendo (y de acuerdo con) sus propias limitaciones.

Por el contrario, un temerario es en esencia un inconsciente que desconoce sus debilidades y se plantea objetivos inasequibles por su desconocimiento e irresponsabilidad. Es más, en ocasiones, esta clase de personas carece de escrúpulos para conseguir las metas establecidas, y no duda en consumir (“quemar”) cuántos recursos humanos y materiales sean necesarios para poder superar el reto inicial. Bajo su perspectiva los equipos profesionales son un bien “fungible” y “reemplazable”, cuya destrucción es, en el mejor de los casos, un daño colateral con el que hay que contar.

temerario

El temerario sólo ve el corto plazo, el audaz tiene visión de largo plazo. El temario destroza equipos, el audaz trabaja, cae y se levanta con su equipo….

Dédalo era audaz: consiguió un logro imposible, siendo consciente de sus limitaciones. Ícaro resultó temerario: a partir de un éxito ajeno, y sin considerar las limitaciones conocidas, se planteó una misión inalcanzable y lo acabó pagando con su vida. En la realidad, la situación es aún peor: en las organizaciones, lo malo no es que el temerario fracase, si no los daños colaterales que deja por el camino.    

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Sobre la preocupante actualidad: hace ya cierto tiempo publiqué la entrada: “El recorte presupuestario como ¿solución?”, que sigue plenamente vigente por los apremios de Bruselas a los que vamos a tener que hacer frente en breve.

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3 respuestas a El Síndrome de Ícaro

  1. Rafael Tremul dijo:

    Las organizaciones inmersas en estas dinámicas tardan en darse cuenta de que consumen muchísimos recursos humanos para mantener en su puesto a directivos que al final acaban cayendo, o marchándose voluntariamente. No valoran el impacto negativo del profesional “socarrado” que sale de la empresa, continua trabajando y pasado el tiempo comenta la situación mirándola desde la lejanía diciendo ¿Cómo pude yo aguantar allí tanto tiempo?.

  2. Manuel Elipe Elipe dijo:

    Me gusta mucho el planteamiento. En mi opinión se simplifica en exceso la figura del líder. El planteamiento de blancos y negros no deja lugar a los grises, y es que el líder vive su día a día debatiéndose entre icaros y dedalos, tomando decisiones de negocio y de personas que unas veces son mas de audaz y otras de Icaro.
    La soledad del líder hace que en muchas ocasiones no tiene a Dédalo para decirle que si se acerca mucho al sol se le derretirán las alas. Sin embargo, sin defender una actitud temeraria, valoro tremendamente el líder atrevido que confía en sus alas y que se arrima al sol. Muchas son las veces que se queman, y otras muchas las que les permite crecer profesionalmente aprendiendo de sus propios errores.

  3. Manuel Zayas dijo:

    Acertadísimo el tema con el que has retomado el blog Antonio y me ha gustado que sea la mitología y el personaje de Icaro el hilo conductor. Gracias por compartirlo con nosotros. Y mucha suerte y ánimo con el blog. Estaremos atentos a tus comentarios. Un saludo

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