La Caída de Constantinopla: Lecciones de una derrota (II)

Constantinopla, 1453

Constantino XI, el emperador bizantino al que le tocó bregar con la compleja situación del sitio, no era un mal gobernante. De hecho, había demostrado buenas dotes militares luchando con los otomanos, reinstaurando la influencia bizantina en el Peloponeso, y tenía plena conciencia de la magnitud del problema al que se enfrentaba. La situación era límite: Constantinopla, que en los siglos VI y XII había tenido una población aproximada de 500.000 habitantes, en 1453 apenas llegaba a 50.000, y el ejército bizantino constaba tan solo de 1500 efectivos. Así que cuando la amenaza turca tomó forma, el bueno de Constantino XI buscó afanosamente aliados en el Occidente cristiano y contrató mercenarios para defender las míticas murallas de la ciudad.

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Dentro de los refuerzos que acudieron a su llamada, cabe destacar la figura del genovés Giovanni Giustiniani Longo, cuya pericia militar le granjeó por parte del emperador el título de “protostator”, algo así como gobernador militar de la ciudad, en detrimento de la nobleza local, cuyo máximo exponente era el megaduque Lucas Notaras. Consciente de lo crítico de la situación, Constantino XI imploró desesperadamente el apoyo del Papa, aunque para ello tuviera que “someter” la iglesia ortodoxa a la católica romana, pese a la oposición de la nobleza tradicional bizantina, encabezada por el resentido megaduque al que se atribuye la frase: “prefiero ver el turbante musulmán en la ciudad que la mitra latina”.

La defensa de la ciudad se estructuró por sectores, en torno a las puertas de Constantinopla. El 29 de mayo, y tras un durísimo asedio, los otomanos consiguieron acceder a la ciudad forzando la Kerkaporta, que estaba sospechosamente mal cerrada dentro del sector que estaba bajo la responsabilidad del… megaduque. Para entonces, Giovanni Giustiniano estaba herido de gravedad, y viendo sus genoveses que el enemigo ya había accedido a la ciudad y considerando que ya habían hecho cuánto podían hacer, éstos abandonaron su posición y se retiraron a la isla de Quios, donde el valiente murió a causa de las heridas. El emperador murió en el fragor de la batalla, a la que se incorporó sin sus insignias imperiales, para “morir como cualquier otro soldado más”. Los habitantes de la ciudad fueron sometidos a violaciones y ejecuciones en masa, de las que no escapó la nobleza bizantina, ni siquiera la familia de Lucas Notaras, que fue especialmente vejada y torturada antes de morir.

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España 2008

Al comienzo de la crisis económica, Constantino, dueño del grupo de empresas Bizancio S.A. (dedicada a la máquina herramienta), dándose cuenta de la situación crítica a la que se enfrentaba su compañía (caída de la demanda interna y la inversión, ausencia de liquidez en los mercados financieros, etc,…) se convenció de que resultaba imprescindible cambiar su modelo de negocio para buscar clientes dónde fuera (internacionalización), introduciendo en su portfolio de productos/servicio todas aquellas novedades que debía haber incorporado hace tiempo, pero que la bonanza del ciclo anterior había demorado (innovación) e implantando todas las mejoras pendientes para incrementar la eficacia y la eficiencia de los procesos internos (reestructuración).

Para ello, Constantino fichó un equipo de nuevos directivos encabezados por mi amigo Juan para liderar todo ese proceso de transformación en colaboración, pensaba él, con los directivos de toda la vida que, conscientes de lo delicado de la situación actual y debido a su implicación personal y lealtad después de tanto tiempo, seguro que iban a apoyar el proceso de cambio incluso con mayor determinación que los nuevos…

Se equivocaba: en cualquier organización la historia pesa mucho y, en este caso, no fue positivamente. El imprescindible cambio resultaba tan radical, que implicaba modificar “la forma de hacer las cosas” (la cultura organizativa) y eliminar muchos comportamientos consolidados, asociados de una u otra manera a ciertos privilegios de los directivos veteranos, que se oponían sistemáticamente a la implantación de la hoja de ruta establecida, pese al incuestionable empuje de Juan. Esto se traducía en maratonianas y conflictivas reuniones del Comité de Dirección, donde Juan siempre acababa enfrentado con el núcleo tradicional encabezado por Lucas, el director general de Kerkaporta S.A. (la unidad de negocio más importante del grupo), que llevaba trabajando en la compañía más de 30 años.

Ante las dificultades internas y una presión externa cada vez más acuciante, Juan pidió a Constantino en repetidas ocasiones el cese de Lucas, ya que estaba desesperado por combatir al adversario externo y al enemigo interno. Es más, estaba convencido de que después de prescindir de Lucas, la resistencia interna se difuminaría y habría una posibilidad de salvar la compañía. Constantino se negó: Lucas y su familia (padres y abuelos) venían trabajando en Bizancio S.A. desde los tiempos de su fundación, y estaba convencido de que, pese a sus reticencias iniciales, su compromiso personal permitiría sacar adelante al grupo empresarial, gracias a los resultados de la filial que gestionaba.

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Seis meses después, Kerkaporta entraba en concurso de acreedores y arrastraba a todo el grupo de empresas a la liquidación. Constantino, como propietario de la compañía acabó arruinado y Lucas en el paro, con una muy mala edad (y mala reputación) para encontrar un nuevo trabajo. Por su parte, mi amigo Juan abandonó el proyecto un mes antes de los primeros impagos, con una sensación de impotencia ante el apoyo de Constantino a Lucas, pero la conciencia tranquila porque entendía que había hecho todo lo que estaba en su mano para sacar adelante el proyecto.

En definitiva, y aunque pudiera parecer paradójico, los nuevos directivos, encabezados por Juan, fueron más leales a la empresa que los directivos más antiguos de la compañía, cuyo compromiso se suponía (erróneamente) inquebrantable después de tanto tiempo. Nunca debemos olvidar que la historia pesa mucho, y no siempre a favor, en las organizaciones.

PD: Basado en un triste hecho real.

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Agenda: el próximo 25 de febrero compartiré una exposición sobre Estrategia para emprendedores en la sede de EOI de Madrid a las 11:00 de la mañana, dentro de las Segundas Jornadas Be Mum & Dad. Así que, queridos nicomaqueos, espero veros por allí y saludaros personalmente.

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4 respuestas a La Caída de Constantinopla: Lecciones de una derrota (II)

  1. Iñaki dijo:

    Cuánta verdad en el último párrafo. Una pena cavar tu propia tumba por no asumir verdades que no gustan e intentar darle un giro a la situación…

  2. German dijo:

    Excelente analogia, cuanto pesa la historia. También la dificultad de salir de nuestra zona de confort, donde durante tanto tiempo nos ha ido bien, lo único seguro es el cambio.

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